Cuando en el intestino se adhieren sustancias o parásitos que alteran su equilibrio vital, no basta con eliminarlos, lo definitivo será limpiar a fondo esa ponzoña que alimenta a los oportunistas que dañan nuestra salud.
Cuando en el intestino se adhieren sustancias o parásitos que alteran su equilibrio vital, no basta con eliminarlos, lo definitivo será limpiar a fondo esa ponzoña que alimenta a los oportunistas que dañan nuestra salud.

Si los empleados del ayuntamiento que recogen habitualmente la basura hicieran huelga y tuviésemos que dejar nuestros residuos orgánicos en la acera hasta cubrir los contenedores, y la huelga se prolongase, pasados unos días esa basura entraría en descomposición y ahí proliferarían toda clase de bichitos, pequeños, medianos y no tan pequeños como son las ratas.
Por orden del consistorio municipal se procedería a la fumigación para eliminar todos esos pequeños seres que han encontrado en esa basura su alimento perfecto; efectivamente, todos esos antipáticos individuos: moscas, gusanos, cucarachas y ratas, que cumplen con su misión de carroñeros, o huyen a tiempo o mueren por efecto del veneno.
Este procedimiento no solo no sería la solución definitiva, sino que pasados unos días podrían aparecer nuevos inquilinos más resistentes que los anteriores e inmunes a la ponzoña fumigada; y así sucesivamente hasta que termine la huelga y se eliminen los montones de basura, donde esos pequeños sobrevividores tendrán que buscar otro «modus vivendi».
Este símil me parece bastante válido para comprender que algo parecido ocurre con algunas infecciones tratadas indiscriminadamente con antibióticos; aquí la basura sería el moco que se genera con el consumo de alimentos como, principalmente, los lácteos, muchos farináceos, los azúcares refinados y derivados, y el exceso de carne.
Este moco, desecho que el cuerpo acumula en las partes huecas de nuestro organismo (senos, bronquios, aparato reproductor femenino e intestino), va a ser la basura que seguimos reponiendo con una alimentación generadora de flema enfermante que el cuerpo soporta a la espera de que hagamos limpieza, como así tendrían que hacer los empleados del ayuntamiento.
Y en ese moco-basura que reviste las paredes del intestino de muchas personas, sobre todo niños, copiando casi siempre la OXIURIASIS que ya tuvieron sus padres, es donde van a vivir encantados esos gusanos que en este caso son las lombrices intestinales.
Los individuos adultos de algunos parásitos intestinales son fáciles de expulsar usando los medios convencionales. Pero, transcurridas unas semanas, el niño o la persona que los hospeda vuelve a rechinar los dientes, frotarse la punta de la nariz o rascarse el esfínter anal; y es que las huevas depositadas y protegidas dentro del moco han permanecido inmunes al vermífugo de la farmacia, dentro de su cascarón y del moco malo donde estaban sumergidas.
Por otra parte, existen algunos tipos de PARÁSITOS INTESTINALES muy reticentes a abandonar el intestino y muy duros de combatir; tal es el caso de la solitaria, algunos áscaris y especialmente la giardia lamblia, un tipo de parásito muy difícil de expulsar.
En primer lugar, hemos de entender que es preciso vaciar el intestino de moco malo, caldo de cultivo donde estos huéspedes se encuentran como en su casa. Y para ello, antes de nada, es preciso eliminar en la dieta de estas personas el consumo de comidas formadoras de moco como son: los lácteos y derivados, las harinas y azúcares refinados, las frituras, las grasas animales y el exceso de carne, sobre todo la criada con tratamientos hormonales.
Casi siempre partiendo de una predisposición hereditaria.
Contacto con animales
Carne de cerdo
Contacto por heces de otros que tienen
Manos o uñas sucias
Polvo
Agua
Alimentos contaminados
Siguiendo este tratamiento que os voy a dar, el intestino quedará completamente limpio de moco y parásitos.
Introducir, a modo de supositorio, un diente de ajo antes de acostarse. Este diente habrá estado macerando en aceite 12 horas.
Hervir durante 3 minutos a fuego lento: manzanilla amarga, genciana y tomillo. Reposar 10 minutos. Colar y tomar en ayunas.
– Adultos: 1 cucharadita de cada planta en 1/4 de agua.
– 6 a 12 años: 1/2 cucharadita en 1/2 vaso de agua.
– Hasta 6 años: puntita de cucharadita de cada planta en un poco de agua.
Introducir a los pequeños esta decocción, si fuera preciso, con la ayuda de una pera de goma.
Tenia
Vermis
Coccidia
Ascáridos
Enterobius
Anquilostoma
Giardia lamblia


Envejecer es inevitable; perder antes de tiempo la ilusión, la vitalidad y las ganas de vivir no debería serlo.
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