El uso de anticonceptivos o contraceptivos hormonales y químicos, tanto los orales (la píldora) como los inyectables y los parches, durante un tiempo prolongado (a partir de un año), se asocia con un mayor riesgo de cáncer de cérvix (cuello de la matriz).
Los anticonceptivos hormonales y químicos potencian los efectos adversos del tabaco y disminuyen la absorción de muchos nutrientes, especialmente las vitaminas C, B6 y B12, el ácido fólico, el cinc y la riboflavina.
Después de varios años de utilización, muchas mujeres han alterado de tal forma su aparato endocrino y su metabolismo que se hace muy difícil controlar el sobrepeso y la celulitis, así como otros desajustes que describiré.
Es bien cierto que estos contraceptivos, por un lado, tienen la doble ventaja de evitar embarazos no deseados y, por otro, de regular los ciclos menstruales femeninos, suavizando considerablemente los dolores premenstruales. Por todo ello, el anticonceptivo químico resulta ser un tratamiento muy «cómodo», «atractivo» y de «fácil receta», por lo que, desde su descubrimiento y hasta hoy, está muy extendido entre las mujeres en edad fértil.
Pero la otra cara de la moneda de estos anticonceptivos hormonales y químicos es bastante fea, ya que, después de tomar anticonceptivos durante 2, 3, 5 o más años, muchas mujeres se encuentran con perjuicios y secuelas que van desde celulitis, exceso de vello, retención de líquidos, complicaciones cardíacas, sangrados abundantes, desajustes hormonales y obesidad, hasta… otros problemas más graves.
Las alternativas están ahí y, aunque ciertamente no son ni tan cómodas ni tan seguras, con cualquiera de ellas y un poco de control evitamos hipotecar de por vida algo tan sagrado como es el cuerpo de una mujer y futura madre.
Ahí están los clásicos y más conocidos, como el dispositivo intrauterino (DIU), los métodos de barrera (preservativos y anillo vaginal), el método de la temperatura y el método Ogino-Knaus.
Y los más modernos, como el método Billings (o del moco cervical), el Bioself, el microprocesador, el analizador Brown y el test de ovulación. Estos últimos son métodos más precisos y reducen al máximo las posibilidades de error.
«La marcha atrás» es un método muy socorrido, muy sobre la marcha, pero también muy arriesgado, porque, según las estadísticas, presenta entre un 10 % y un 40 % de fallos.
Estas son la mayoría de las opciones a las que se puede recurrir para sustituir los anticonceptivos hormonales o químicos que introducen hormonas en el cuerpo, bien sea por vía oral (píldora), inyectable o mediante aplicación dérmica (parches).
Hago una mención asimismo a «la píldora del día después» y a «la píldora de los cinco días», que, aunque lo ideal es no tener que hacer uso de ellas, supongo que, una vez producido el descuido, pueden sacar de grandes apuros.
Las mujeres que han sido conscientes, valientes y previsoras utilizando métodos alternativos naturales, respetando su cuerpo y buscando salud para el futuro, hoy lo agradecen, a la vista de los lamentos de muchas de las que eligieron «lo fácil».
Y, por último, deciros que, puesto que cada caso es un complejo de circunstancias y condicionantes, y está sujeto a constituciones diferentes, lo más prudente, conveniente y recomendable es consultar y seguir los consejos del ginecólogo antes de tomar ninguna decisión a la ligera, pues este es un tema que ha costado muchos disgustos a muchas mujeres.