Dedicamos estos capítulos a nuestro potente y magnífico aparato osteoarticular, mucho más perfecto que la obra de ingeniería más perfecta diseñada y creada por el hombre.
Dedicamos estos capítulos a nuestro potente y magnífico aparato osteoarticular, mucho más perfecto que la obra de ingeniería más perfecta diseñada y creada por el hombre.

Un profesor que tuve de osteopatía y
biodinámica nos decía que cada vez que se produce una lesión, un traumatismo,
desajuste, pinzamiento o desplazamiento anormal en cualquier parte de nuestro
esqueleto, automáticamente se compensaba y autocorregía repartiéndose ese
desajuste por el resto, con pequeñísimos desplazamientos de otros huesos. Y así
ocurre ciertamente, y esto, amigos, es como otro de los muchos pequeños y
silenciosos milagros que suceden continuamente dentro de nuestra máquina sin
que nosotros nos enteremos.
Pero cuando se acumulan muchas lesiones, salta la alarma: el dolor. Cuando hay
dolor, molestias, tensión excesiva, contracturas, limitación del movimiento,
hay que corregir, y cuanto antes, mejor. Este es un trabajo que corresponde al
osteópata experimentado. Es muy consolador, gratificante y a menudo
espectacular ver cómo personas que vienen con mucho dolor y sufrimiento
—cervicalgias, lumbalgias, esguinces, tendinitis, cefaleas, migrañas, etc.— y a
veces sin poder caminar, se recuperan, cuando no en la primera manipulación, en
unos pocos días.
Recibo muchas veces a personas que vienen preocupadas porque tienen la espalda
torcida, pero no tienen dolor, apenas hay limitaciones de movimiento. Estos
esqueletos están ya autocompensados quizá desde la niñez o juventud, donde pudo
existir algún problema de origen físico (traumatismos, golpes, posturas, etc.);
tal vez por un parto complicado, puede tener un origen psíquico, por alguna
pasada y superada enfermedad infecciosa o por una inadecuada alimentación. Sí,
amigos, el esqueleto va íntimamente unido a todo el resto de nuestro cuerpo:
sistema nervioso, hormonal, digestivo, circulatorio, etc. Por todo lo cual os
voy recomendando incorporar a vuestra vida una higiene y costumbres que os
permitan vivir más y mejor y alejaros del sufrimiento, ya que, como todos
sabéis, las “cruces” en la vida tarde o pronto nos llegan a todos, pero al
menos, si aprendemos a llevar una vida sana, conseguiremos que la vejez de esta
máquina de vida llegue más tarde, con el mínimo sufrimiento y podamos seguir
siendo útiles y haciendo cosas hasta la última hora.
Cuando esta máquina transportadora se avería, se hace vieja y duele, la vida se
detiene, y se sufre enormemente, física y psicológicamente, y muchos pierden la
ilusión por vivir.


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