Paz interior: Lo opuesto al estrés – 1ª parte

Demasiadas personas de nuestras ciudades carecen hoy en día de tranquilidad, de esa Paz Interior, seguramente la medicina más potente para preservar la salud física, la salud anímica y la salud espiritual.

Vivimos agitados, siempre con prisas; situación muy propicia para que los enemigos internos de nuestro bienestar se hagan más fuertes y recalcitrantes.

¿Es el miedo lo que nos impide alcanzar la Paz Interior? ¿Miedo a la vida, a los otros, angustia vital, miedo a envejecer, quizá a una catástrofe económica o política, o al sentido de nuestra misma existencia? ¿No os parece que con frecuencia nos lanzamos al ruido para aturdirnos, para escaparnos del silencio, de nuestro interior, de nuestro verdadero yo?

Me da mucha pena ver a tanta gente que se esconde en el ruido, enchufada mientras corre, camina o va en autobús, cuando falta tiempo para encontrarse con nuestros pensamientos, fantasías, ilusiones o proyectos, para escuchar la sinfonía de la naturaleza y, sobre todo, para comunicarnos con los que pasan a nuestro alrededor.

El ESTRÉS es una realidad que no nos deja VIVIR con plenitud y disfrutar de tantas cosas estupendas que tiene la vida.

El ESTRÉS es seguramente una de las peores enfermedades de nuestro tiempo.

Está bien demostrado que la falta de Paz Interior altera gravemente el sistema nervioso y circulatorio, generando enfermedades cardíacas, de la piel y de la visión.

Hoy vamos a abordar uno de los desajustes que castigan a tantas personas de nuestro mundo: el “ESTRÉS”. Pondré un ejemplo sencillo para que se entienda mejor.

Imaginaros una goma elástica… sí, de esas de muchos tamaños y colores que usamos para abrazar y sujetar cosas. Cuando vivimos tranquilos, estamos equilibrados y con los mínimos problemas, estamos como esa goma elástica cuando está nueva: tersa, pero sin demasiada tensión.

Estirar la goma para abrazar y sujetar un paquete, por ejemplo, algo útil y práctico, equivaldría a tener un estrés natural, un mecanismo de nuestro flexible cuerpo para adaptarse a situaciones que nos demandan más atención, más horas de trabajo, sin que por ello ocurra nada malo.

Si ante un paquete muy grande pretendemos estirar la goma más de lo que da de sí su elasticidad, corremos el riesgo de que la goma se rompa. A partir de ese momento entraríamos en lo que se llama el ESTRÉS PATOLÓGICO, situación de muy alto riesgo.

La goma elástica del ejemplo no importa que se rompa, tenemos muchas más; aquí lo que se puede romper es nuestro corazón o las arterias de nuestro cerebro, dando lugar a los temidos INFARTOS, ANGINAS o ICTUS, que a tantas personas o las lleva al otro mundo o las deja con importantes lesiones que les acompañarán de por vida.

¿Cuándo podemos ser conscientes de que la goma ya no da más de sí y está a punto de romperse? ¡Qué difícil resulta parar y retroceder cuando se está obnubilado, sumergido en la vorágine de un negocio que va mal… o demasiado bien, o presionados por una excesiva responsabilidad, o sometidos al máximo rendimiento por la dirección de la empresa!

O… en otro orden de historias… con tensiones emocionales, con miedos, por celos, envidias, rencores, incertidumbre, inquietud, o poseídos por cualquiera de esos enemigos internos que nos acechan ESTRESÁNDONOS.

A los que estáis en esta cuerda floja, antes de que el lobo os clave los dientes, quiero pediros que despertéis, que penséis en los que os quieren y os necesitan.

 

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