La hipertensión no distingue edades ni perfiles. Puede aparecer por herencia, por hábitos o como consecuencia de otros desequilibrios, y entender su origen es clave para saber cómo abordarla.
La hipertensión no distingue edades ni perfiles. Puede aparecer por herencia, por hábitos o como consecuencia de otros desequilibrios, y entender su origen es clave para saber cómo abordarla.

¿Habéis extraído alguna vez agua del río o de un pozo con una motobomba y ver cómo la proyecta a distancia a través de la manguera para poder regar las hortalizas, las verduras, los árboles o el césped?
Yo lo he practicado en muchas ocasiones y resulta una operación agradecida y gozosa; pero en alguna ocasión me ha ocurrido que, cuando la bomba se obstruye o el agua a transportar se llena de barro, zahorras, piedrecitas, etc., la manguera vibra, se hincha y la motobomba ralentiza su nivel de aceleración para contrarrestar el sobreesfuerzo de tener que empujar ese líquido con una carga que no le corresponde. Si esta sobrecarga persiste, la esforzada motobomba acaba parándose.
Las lecturas de la presión arterial se miden en milímetros de mercurio (mmHg) y generalmente se cifran con dos números. Por ejemplo, 140 sobre 80 (escrito como 140/80) o, como habitualmente se dice, 14–8.
El número superior corresponde a la presión sistólica, la presión creada cuando el corazón late. Generalmente se considera alta si constantemente está por encima de 140–150; el margen hacia arriba o hacia abajo va a depender de la genética, la edad, la constitución, el peso, las enfermedades, etc.
Las mediciones de la presión arterial significan: la alta, la sistólica, el mayor o menor esfuerzo que tiene que hacer el corazón para impulsar la sangre; y la diastólica, el estado de las arterias: lo limpias y flexibles o lo duras y obstruidas que puedan estar. Y, tanto en la tensión alta como en la baja, va a influir en gran manera el estado de la sangre y la flexibilidad, rigidez y la luz de las arterias.
Si la persona tiene una buena higiene de vida —alimentación, ejercicio, etc.— su sangre circulará fluida, sus arterias estarán flexibles y limpias, y su corazón bombeará con un buen ritmo y con el mínimo esfuerzo.
La hipertensión arterial puede afectar a todo tipo de personas o edades. Se dice que el riesgo es mayor si la persona tiene antecedentes familiares de hipertensión.
Cuando se desconoce la causa de la hipertensión se le denomina hipertensión esencial.
A la hipertensión que resulta de una enfermedad, malos hábitos, medicamentos, drogas, etc., se le denomina hipertensión secundaria; y así coexisten muchos factores que son generalmente la raíz oculta de esta hipertensión secundaria y que, como tantas veces os digo, es preciso descubrir la raíz del problema antes de tratar directamente esa tensión alta.
Es importante saber que la hipertensión, por sí misma, no es el problema, sino un signo y, sobre todo, una defensa que adopta nuestro cuerpo para evitar mayores conflictos. No se resolverá hasta que pongamos remedio al desajuste de fondo. Así ocurre igualmente con la fiebre, ciertas ausencias de regla, muchas erupciones y afecciones de la piel, el estrés, las diarreas, la epistaxis, el sangrado de las almorranas, la tos, el catarro o los dolores de cabeza. Todos ellos son avisos y, a la vez, reacciones de defensa que nuestro sabio cuerpo pone en marcha para paliar algún problema que le está desbordando y activar una autorregulación de urgencia mientras se aplica una solución más definitiva.
Más de tres cuartas partes de las enfermedades del corazón son consecuencia del tabaquismo, una elevada presión arterial, un alto nivel de colesterol, el estrés patológico, una alimentación aberrante —tanto en cantidad como en calidad— o una combinación de los anteriores.
La hipercolesterolemia es uno de los principales factores de riesgo de accidente o enfermedad cardiovascular; lo preocupante es que la mayoría de la gente no sabe que lo tiene elevado.
El 80 % de los factores de riesgo de accidentes y enfermedades cardiovasculares se pueden reducir a través de la dieta, el ejercicio físico regular y evitando, por supuesto, el tabaco, el alcohol y el estrés.
Después de esta breve exposición, que como siempre me gusta haceros al presentar cualquiera de las enfermedades o trastornos que puedan mermar nuestra salud, os daré los remedios más eficaces, bien comprobados por mí, rápidos, sencillos y duraderos para bajar y regular la tensión alta.


La hipertensión suele gestarse en silencio, alimentada por hábitos, enfermedades o medicamentos. Identificar sus causas y atender a sus posibles síntomas permite actuar antes de que aparezcan complicaciones.
La hipertensión no distingue edades ni perfiles. Puede aparecer por herencia, por hábitos o como consecuencia de otros desequilibrios, y entender su origen es clave para saber cómo abordarla.
La antigua medicina tradicional describió a tres enemigos que corrientemente alteran el equilibrio y el bienestar humano: la flema, la bilis y el gas. Hoy me voy a referir a este último: el gas.
Cuáles son las causas que los afean y cómo recuperar su frescura, brillo y lozanía.