La antigua medicina tradicional describió a tres enemigos que corrientemente alteran el equilibrio y el bienestar humano: la flema, la bilis y el gas. Hoy me voy a referir a este último: el gas.
La antigua medicina tradicional describió a tres enemigos que corrientemente alteran el equilibrio y el bienestar humano: la flema, la bilis y el gas. Hoy me voy a referir a este último: el gas.

Parece mentira que algo tan aparentemente inofensivo como el aire en burbujas pueda ocasionar tanto malestar, desgana e incluso punzadas de dolor.
Los gases se forman en el tubo digestivo por fermentaciones de alimentos mal digeridos y van navegando a su antojo, fraccionándose y adentrándose por los sitios más insospechados.
Oprimen, obstruyen y provocan verdaderos espasmos, como si nos clavaran un cuchillo, hasta el punto de inducirnos a pensar en algún problema grave, cuando la mayoría de las veces no es otra cosa que eso: una bolsa de gas, un flato.
«¿Por qué se me hace a mí tanto aire?»
«¡Qué mal lo paso hasta que consigo expulsarlo!»
Son preguntas que me hace mucha gente.
Veamos qué hay que hacer y qué no hay que hacer.
Causas más frecuentes de la formación de gases
Situaciones, actitudes y hábitos que favorecen los gases
Estas son las principales causas de formación de gases en el tubo digestivo, que al obstruirse no permiten el paso fluido del bolo alimenticio.
Este se detiene, fermenta y provoca la formación de grandes bolsas de gas.
Hay que sentarse a la mesa con sosiego, dispuestos a saborear ese gran placer que es la comida, la cena o el desayuno.
¡Qué placer!
Y cómo no, pensando y agradeciendo al cocinero o cocinera que ha elaborado esa obra de arte en la que seguramente ha invertido horas y mucho esmero.
Después de comer, un ratito de reposo.
Después de la cena, va estupendo un pequeño paseo para facilitar la expulsión de gases y luego tener un descanso reconfortante.
Como dice el sabio refrán:
«Comida reposada y cena paseada».
Cuando se observan estas normas, se forman muchos menos gases y los que aparecen se expulsan con mayor facilidad.
1 – Aguardiente de tomillo
Un buen remedio para expulsar los gases.
Preparación:
Modo de uso:
Este remedio está especial y únicamente indicado para personas adultas con problemas de gases antiguos y rebeldes.
No tengáis prevención por el orujo: tomado en pequeñas cantidades es virtuoso y nada peligroso.
2 – Plantas carminativas eficaces
Existen muchas plantas que favorecen la expulsión de gases, pero estas tres son especialmente eficaces:
Anís · Salvia · Hinojo
Preparación:
Tiene muy buen sabor.
3 – Cápsulas de carbón vegetal
Las cápsulas de carbón vegetal que encontraréis en el mercado son también muy eficaces para los gases rebeldes.
Ambos favorecen la expulsión de gases.
El componente emocional de los gases
Conviene saber que el pesimismo, el ver siempre la botella vacía, las preocupaciones, el estrés, la infelicidad —a veces por falta de autoestima, por no sentirse correspondido, valorado o querido— conducen a la ansiedad.
Todo ello desemboca en:
Cualquiera de estos factores puede ser causa, predisponente o desencadenante de fermentaciones digestivas, de la formación de grandes cantidades de gas y de su posterior estancamiento.
En primer lugar
Todo lo expuesto anteriormente: hábitos, emociones y forma de comer.
En segundo lugar: las intervenciones quirúrgicas
Cada vez que se enreda, se corta, se cose o se modifica alguna parte del tubo digestivo, hay que cuidar especialmente:
Y en tercer lugar: las normas básicas
Existe una serie de normas y premisas que, si se tienen en cuenta, se observan y se respetan, hacen que:
Comer puede resultar un acto enfermante si se hace de mala manera o, por el contrario, la mejor medicina cotidiana si se siguen las directrices que tantas veces os indico.
«Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento»
(Hipócrates)
Y no olvidéis, amigos, que cada vez que se genera un conflicto digestivo, se nos va un cacho de vida.


La hipertensión suele gestarse en silencio, alimentada por hábitos, enfermedades o medicamentos. Identificar sus causas y atender a sus posibles síntomas permite actuar antes de que aparezcan complicaciones.
La hipertensión no distingue edades ni perfiles. Puede aparecer por herencia, por hábitos o como consecuencia de otros desequilibrios, y entender su origen es clave para saber cómo abordarla.
La antigua medicina tradicional describió a tres enemigos que corrientemente alteran el equilibrio y el bienestar humano: la flema, la bilis y el gas. Hoy me voy a referir a este último: el gas.
Cuáles son las causas que los afean y cómo recuperar su frescura, brillo y lozanía.