La hipertensión suele gestarse en silencio, alimentada por hábitos, enfermedades o medicamentos. Identificar sus causas y atender a sus posibles síntomas permite actuar antes de que aparezcan complicaciones.
La hipertensión suele gestarse en silencio, alimentada por hábitos, enfermedades o medicamentos. Identificar sus causas y atender a sus posibles síntomas permite actuar antes de que aparezcan complicaciones.

En el artículo anterior, Hipertensión 1ª Parte, estuvimos viendo qué es la hipertensión, a quién puede afectar y por qué no debe entenderse solo como una enfermedad, sino como una señal de alerta y un mecanismo de defensa del cuerpo. En esta segunda parte vamos a detenernos en las principales causas que, a día de hoy, se conocen como responsables de que la tensión arterial se eleve, incida o se descompense.
Tumores de las glándulas suprarrenales, intoxicación por alcohol, ansiedad y estrés, fármacos supresores del apetito, arterioesclerosis, pastillas anticonceptivas, medicamentos para el resfriado, ciertas vacunas, algunos fármacos para las migrañas, consumo de cocaína, síndrome de Cushing, diabetes, problemas renales (glomerulonefritis, insuficiencia renal, esclerosis de la arteria renal y estrechamiento u obstrucción vascular renal), obesidad, periarteritis, embarazo (hipertensión gestacional) y enteritis por radiación.
La mayor parte de las veces no se presentan síntomas, por lo que popularmente se dice de la hipertensión que es el asesino silencioso.
Los síntomas que pueden traducir una hipertensión son: confusión, dolor en el pecho, zumbido o ruido en el oído, latidos cardíacos irregulares, hemorragia nasal, cansancio, náuseas y vómitos, dificultad para respirar, sudoración espontánea y cambios en la visión.
Si se presenta dolor de cabeza fuerte o cualquiera de los síntomas mencionados anteriormente, se debe acudir al médico de inmediato, ya que esto puede ser un signo de complicación o de presión arterial peligrosamente alta, llamada hipertensión arterial maligna.
Hay que mirarse la tensión de vez en cuando. Si no tenéis tensiómetro en casa, cuando paséis por una farmacia metéis el brazo en el manguito y al minuto ya tenéis el resultado de cómo está vuestra tensión arterial. No cuesta nada y se pueden evitar accidentes a menudo irremediables.
Los tratamientos clásicos que se prescriben para la hipertensión consiguen en la mayoría de los casos —que no siempre— regular la presión arterial alta, o más bien conseguir, forzando la situación y a costa de contraindicaciones y efectos secundarios, que los números del tensiómetro vayan a su sitio: 14/7, tensión de libro. Todo el mundo tranquilo, ¿no? Pues no. Seguramente ni el corazón, ni los riñones, ni las arterias, ni el hígado, ni el sistema nervioso ni el digestivo están de acuerdo, porque el problema no se ha resuelto y ellos están sufriendo las consecuencias de unos fármacos que, tomados de por vida, irán mermando su buen funcionamiento.
Salvando algunos casos críticos o de urgencia, la ingesta de fármacos no es la solución que yo quisiera para mí ni para ninguno de vosotros, al menos para tomarlos de por vida.
Existen muchos fármacos que se utilizan habitualmente para tratar la PRESIÓN ARTERIAL ALTA:
Hay que decir que, en ocasiones muy puntuales, su prescripción y su ingesta pueden hacerse necesarias, ya que cuando la PRESIÓN ARTERIAL se dispara es imprescindible poner un remedio rápido para evitar complicaciones o accidentes graves.
Estos fármacos, en muchos casos, pueden llegar a ser salvadores para salir del apuro. Sin embargo, si no se ha producido alguna lesión de las que se citan más adelante, el enfermo debería ir sustituyendo los medicamentos por un cambio en la alimentación, las costumbres y la higiene de vida, ya que esto es lo que verdaderamente le va a permitir disfrutar del mejor funcionamiento de su aparato cardiocirculatorio (corazón, arterias y venas) y, por ende, de más años de vida saludables.
Una PRESIÓN ARTERIAL MUY ALTA, que no se ha tratado a tiempo y/o debidamente, puede ocasionar complicaciones o daños como:


La hipertensión suele gestarse en silencio, alimentada por hábitos, enfermedades o medicamentos. Identificar sus causas y atender a sus posibles síntomas permite actuar antes de que aparezcan complicaciones.
La hipertensión no distingue edades ni perfiles. Puede aparecer por herencia, por hábitos o como consecuencia de otros desequilibrios, y entender su origen es clave para saber cómo abordarla.
La antigua medicina tradicional describió a tres enemigos que corrientemente alteran el equilibrio y el bienestar humano: la flema, la bilis y el gas. Hoy me voy a referir a este último: el gas.
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